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sábado, 14 de enero de 2012

Roscón de Reyes

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Pues por fin llegaron los Reyes Magos con se generosidad habitual. Creo que ahora me hace más ilusión que cuando era pequeña, y es que preparar el roscón le añade emoción e ilusión a este día. Muchas gracias, Majestades, por los regalos tan bonitos y por el tiempo que habéis tenido que dedicar a buscar cada uno de ellos. En agradecimiento y como cada año desde hace ya unos cuantos, además de portarme bien les preparé su correspondiente roscón (bueno, en realidad roscones, porque fueron cuatro) para hacer más llevadero el trabajo tan intenso de esa mágica noche de Reyes.

Mi primera experiencia con el Roscón fue a través de un curso específico para aprender a prepararlo en el que participé junto a mi hermana... y diez niños. En realidad, las intrusas éramos nosotras, porque era un curso de cocina infantil, pero allá que nos presentamos las dos adlutas y deseosas de aprender a prepararlo. La experiencia fue muy bonita, pero sobre todo rica, y nos animó a seguir intentándolo, eso sí, ya solas sin la ayuda del cocinero.

La segunda experiencia fue ¡horrorosa! Podríamos llamarlo en realidad torta de Reyes. Pues ahí que estábamos mi hermana y yo diciendo que aquello de comprar roscones se había acabado y que íbamos a hacer el mejor roscón del mundo. ¡Error! Con esto no quiero ni mucho menos desanimar a nadie, simplemente advertir que la paciencia de los roscones tiene un límite y que si le haces perrerías como se las hicimos nosotras pues al final te sale un churro. Nuestra perrería consistió básicamente en someter al roscón a una excesiva temperatura de levado, o dicho de manera más clara, en lugar de dejarlo levar a temperatura ambiente y darle su tiempo, intentamos acelerar el proceso poniéndolo debajo de las faldillas con el brasero encendido a tope. De vez en cuando levantábamos y veíamos que estaba subiendo mucho, cada vez más hermoso y nosotras más contentas. Pero en cuanto lo sacamos se vino abajo y ya no volvió a levantar cabeza. Así que ese año le dimos un simple bocado a nuestra torta de Reyes, el resto fue a la basura.

Pero no nos pongamos tristes, que acaba de empezar el año, y que el resto de experiencias que he tenido en la preparación de roscones han ido cada vez a mejor. Los dos últimos años he preparado la receta de roscón de la Thermomix, con la ayuda de Su y con algunos trucos aprendidos, y ha gustado más que la que preparaba anteriormente. Así que os cuento cómo la hago yo.

Ingredientes

Para la masa madre o de arranque:
- 70 gr de leche entera
- 10 gr de levadura fresca (yo la usé de Levital)
- 1 cucharadita de azúcar
- 130 gr de harina de fuerza

Para la masa del roscón:
- 450 gr de harina de fuerza
- 60 gr de leche entera (aproximadamente dependiendo de la fuerza de la harina)
- 70 gr de mantequilla
- 2 huevos tamaño M
- 20 gr de levadura fresca
- 1 pizca de sal
- 120 gr de azúcar glas
- cáscara de naranja y limón
- 20 gr de agua de azahar

Para la decoración:
- azúcar
- frutas escarchadas al gusto
- huevo batido
- chucherías...


Preparación

(Con antelación a la preparación del roscón sacar los huevos y la mantequilla del frigorífico para que queden a temperatura ambiente)

Rallar la naranja y el limón (lavados previamente) y mezclarlos con el azúcar glas para que vaya tomando el aroma de los cítricos.

Preparar la masa madre. Para ello poner la leche en un vaso y meter al microondos unos segundos, lo justo para quitarle el frío. Ojo, si nos pasamos de temperatura podremos matar a la pobre levadura. Añadir la levadura a la leche y mover con una cucharilla hasta que se diluya bien. Mezclar en un bol con la harina y el azúcar, amasando un poquito hasta formar una bola. (Aquí podremos comprobar la fuerza de nuestra harina. ¿Cómo ha quedado tu bola? ¿Manejable, blandona o un poco dura y seca? En función de como haya quedado podremos tener una referencia para las cantidades de líquido de después. En mi caso quedó un poco reseca, eso es porque mi harina tiene más fuerza que la de la receta. Con esto no es que quiera presumir de harina, ni mucho menos, sino explicar que mi harina necesita más líquido que otras para conseguir una masa adecuada así que luego habrá que poner algo más de leche que la que viene en la receta original). Meter la bola de masa en un bol lleno de agua tibia que la cubra y esperar a que flote (entre 10 y 20 minutos). Mientras ir preparando el resto de ingredientes.

Ahora pasamos a la auténtica masa del roscón. Volvemos a repetir el proceso de quitar el frío a la leche y diluir en ella la levadura. En el bol donde vayamos a hacer la mezcla ponemos la harina y hacemos un hueco en el centro en el que pondremos la leche con la levadura, los huevos ligeramente batidos, el azúcar aromatizado, la sal y el agua de azahar. Amasar un poco a mano e introducir la masa madre. Amasar nuevamente un buen rato a mano o a máquina (como el detergente). Cuando la masa esté suave añadir la mantequilla y seguir amasando para que quede bien integrada (es mejor no añadir la mantequilla desde el principio para que la masa vaya desarrollándose). Para quien no tenga amasadora puede alternar el amasado normal con la técnica del estrujado de toalla, es decir, ir retorciendo la masa por ambos extremos en sentido contrario como si estrujáramos una toalla empapada. Cuando la masa quede muy fina y antes de que se rompa, juntamos los extremos y estrujamos de nuevo. Repetimos varias veces. De esta manera simularemos el amasado que hace el gancho de las amasadoras y que permite el desarrollo del gluten. Veréis que la masa va quedando suave y blandita.

Pasados unos diez minutos amasando formamos una bola, recogiendo la masa en la parte que toca la encimera, y girándola sobre sí misma en un movimiento de rotación. Metemos la masa en un bol untado de aceite y la tapamos con un trapo para que fermente y aumente su volumen. Dependiendo de la temperatura de la habitación tardará un mínimo de 4 h.

Pasado este tiempo y una vez que la masa haya doblado su volumen, volcamos la masa en la encimera untada de aceite y la volvemos a amasar un poquito para que pierda el aire. Si vamos a hacer más de un roscón, dividir ahora la masa. Volver a bolear la/s masa/s y dejarla/s descansar cinco minutos. Aprovecha este ratito para fregar el bol y eso que te quitas.

Hacer con los dedos un agujero en el centro de la masa e ir agrandándolo a la vez que la giramos. Aunque el aspecto final del roscón es gordito, debemos dejar la masa más delgada de lo deseado para el resultado final para que al levar de nuevo y hornearla coja el volumen definitivo. Colocar la masa sobre papel de hornear y taparla con un paño de cocina. Dejar reposar aproximadamente dos horas.



Precalentar el horno a 200º C. Pintar el roscón con huevo batido y adornar al gusto con rodajitas de frutas escarchadas, azúcar humedecida con un poquito de agua y, si te gusta, con almendra laminada o picada o cualquier otra cosa que se te ocurra.

Poner un poco de agua en un pulverizador y añadirle una cucharada de agua de azahar. Pulverizar el roscón antes de meterlo en el horno (esto aumentará su aroma y ayudará a crear una ligera corteza). Meter en el horno durante 8 minutos a 200ºC pulverizando en este tiempo el roscón una o dos veces más (rápidamente para que el horno no pierda temperatura) y continuar la cocción otros 8 o 10 minutos a 180ºC. En total tardará unos 16-18 minutos en hacerse. Aunque parezca que el roscón no está del todo cocido, con esta temperatura y tiempo es más que suficiente, si lo dejas más se resecará. Saca el roscón del horno y déjalo enfriar sobre una rejilla.

Una vez frío, se puede abrir por la mitad y rellenarlo del gusto deseado. En mi caso lo rellené de nata montada pero hice también uno especial para mi suegra con un delicioso cabello de ángel que ella misma preparó. Además se le puede meter alguna sorpresa dentro: monedas de chocolate, un haba, alguna figurilla... Los dos últimos años yo he completado la gracia de hacer el roscón preparando también algunos adornos de fimo.

sábado, 21 de mayo de 2011

Panecillos de leche de Xavier Barriga

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Hacía muchíiiiiiiiiiiisimo tiempo que tenía ganas de preparar estos panecillos porque desde que los vi me entraron por los ojos. El otro día por fin me decidí y éste el resultado. Como todo, son mejorables porque han salido un poco morenitos, pero son supertiernos y están buenísimos. Mi marido llegó a la casa poco después de que salieran del horno, cuando el aroma a panecillos inundaba nuestro piso y la escalera del edificio, y llegó intrigado preguntado qué había preparado que olía tan bien.


Realmente estos panecillos están muy buenos y se pueden utilizar tanto con un relleno salado como dulce, para desayunar, merendar o incluso en alguna cena informal. Para los peques son estupendos, porque al tener una masa tan blandita les resultarán fáciles de morder y masticar. Esto me recuerda a aquellos panecillos blancos que Heidi guardaba con ilusión para regalárselos a la abuelita de Pedro cuando regresara a las montañas después de su aventura en Frankfurt junto a su amiga Clara. Seguro que la abuelita de Pedro habría podido comer sin problemas estos bollitos a pesar de andar regular de la dentadura; no ocurrió así con los que le llevó Heidi, que lógicamente se pusieron duros después de tantos días guardados en un armario. Así que con esta receta participo en el HEMC #54 basado en platos inspirados en películas, libros, canciones... y porqué no, dibujos animados.

hemc #54 - inspirados

Sólo me queda decir que esta es una receta de Xavier Barriga, un panadero catalán que además de otros, está impulsando el amor de la gente por el pan y la panadería. Podéis ver el vídeo en catalán de la elaboración de esta receta que se emitió en la tv3.

Bueno, espero que después de esta telepromoción os animéis a prepararlos (sobre todo quien se haya comprado recientemente una amasadora y no sepa cómo estrenarla).


Ingredientes:

- 500 gr harina de fuerza
- 10 gr de sal
- 40 gr de azúcar
- 20 gr de leche en polvo
- 280 gr de leche (aproximadamente)
- 26 gr de mantequilla
- 15 gr de levadura de panadería


Preparación:

Pesar todos los ingredientes y verterlos todos, con excepción de la leche, en la cubeta de la amasadora (si amasas a máquina) o en un bol (si amasas a mano). Deshacer la levadura en la harina desgarrándola con las puntas de los dedos.

Poner a funcionar la amasadora con el gancho de amasar a un velocidad baja (o ir calentando las manos porque ¡toca amasar!). Ir añadiendo la leche poco a poco y conforme la vaya absorbiendo la harina. La cantidad de leche de la receta es orientativa y puede variar en función de la capacidad de absorción de la harina. Amasar durante aproximadamente 15 minutos. La masa debe quedar lisa.

Volcar la masa sobre el mármol ligeramente enharinado y dividir la masa en porciones ayudándote de una báscula de cocina. Es importante que las porciones tengan un peso similar para que el tiempo de horneado sea el mismo para todas. Yo las hice de 65-80 gr y me salieron 12 unidades. Al hacer las porciones parecerá que es muy poquita masa, pero no te preocupes, luego aumentará su volumen. Bolear cada una de las porciones y dejar reposar entre 20 y 25 minutos para que la masa se relaje.

Pasado este tiempo darle la forma deseada a cada una de las bolas. En mi caso les di forma de barrita, para ello: aplastar cada una de las bolas y hacer dobleces, como doblando un folio en tres para meterlo en un sobre, cada uno de esos dobleces marcarlo con el canto de la mano. Volver a doblar sobre sí misma la masa, nos habrá quedado como una croqueta grande. Sellar la unión de la masa rodando nuestra "croqueta" sobre el mármol (como haciendo un churro de plastilina). Pasar a la bandeja del horno, con la cicatriz de la unión hacia abajo, dejando espacio entre las barritas porque luego crecerán. Pintar con huevo (opcional) y hacer el greñado (cortes). Dejar reposar durante 45-60 minutos hasta que casi doblen su volumen.

Calentar el horno a 220ºC (en mi caso para la próxima vez a 190-200ºC). Pasado el tiempo de reposo, introducir la bandeja en el horno y hornear durante unos 15-18 minutos. Dejar enfriar sobre una rejilla.


Advertencias y reacciones:

- Esta receta puede provocar reacciones de desconcierto entre los vecinos e incluso irritabilidad si no van a poder comerse los bollos, sólo olerlos.

- Por el contrario, se han descrito frecuentes episodios de ataques de amor en las parejas de las cocineras/panaderas (ya se sabe que a los hombre se les conquista por el estómago).

- Manténgase fuera del alcance de los glotones, pueden acabar con todos los panecillos.